17 de marzo de 2012

Borges y el Power Point

Hoy me ha llegado una presentación de Power Point de las buenas, de las que te dejan las pupilas dilatadas, pero me ha sacado una sonrisa maliciosa, así que voy a compartirla.

La presentación (obviamente acompañada con la musiquita chill out de turno, fotos de flores, de nubes y de cachorritos) mostraba el poema "Instantes", atribuyendo su autoría a Jorge Luis Borges.
Como no conocía el poema y, la verdad, me parecía demasiado ñoño para ser Borges, indagué un poquito por cortesía de San Google y, efectiviwonder, ese poema no es suyo. Es una de las muchas leyendas que circulan por la red.

Ya en su día pasó algo parecido con el poema "La marioneta", cuya autoría se le atribuyó a un García Márquez moribundo y nostálgico. Por lo visto cuando García Marquez leyó el citado poema dijo algo así como "lo que más me puede matar es la vergüenza de que alguien crea que de verdad fui yo quien escribió una cosa tan cursi".

Y llegó entonces mi sonrisilla: ¿qué diría Borges si lo quitasen de su paraíso bibliotecario, le devolviesen la vida (y la vista) y le enseñasen esta presentación? Pobrecico de mi alma.


Copio y pego uno de los regalitos que nos dejó:



Límites.

De estas calles que ahondan el poniente,
una habrá (no sé cuál) que he recorrido
ya por última vez, indiferente
y sin adivinarlo, sometido

a quien prefija omnipotentes normas
y una secreta y rígida medida
a las sombras, los sueños y las formas
que destejen y tejen esta vida.

Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido
¿Quién nos dirá de quién, en esta casa,
sin saberlo, nos hemos despedido?

Tras el cristal ya gris la noche cesa
y del alto de libros que una trunca
sombra dilata por la vaga mesa,
alguno habrá que no leeremos nunca.

Hay en el Sur más de un portón gastado
con sus jarrones de mampostería
y tunas, que a mi paso está vedado
como si fuera una litografía.

Para siempre cerraste alguna puerta
y hay un espejo que te aguarda en vano;
la encrucijada te parece abierta
y la vigila, cuadrifonte, Jano.

Hay, entre todas tus memorias,
una que se ha perdido irreparablemente;
no te verán bajar a aquella fuente
ni el blanco sol ni la amarilla luna.

No volverá tu voz a lo que el persa
dijo en su lengua de aves y de rosas,
cuando al ocaso, ante la luz dispersa,
quieras decir inolvidables cosas.

¿Y el incesante Ródano y el lago,
todo ese ayer sobre el cual hoy me inclino?
Tan perdido estará como Cartago
que con fuego y con sal borró el latino.

Creo en el alba oír un atareado
rumor de multitudes que se alejan;
son los que me ha querido y olvidado;
espacio, tiempo y Borges ya me dejan.


(Jorge Luis Borges)

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