28 de marzo de 2012

Los Reyes Magos de Occidente

Apenas se nada acerca de la naturaleza humana, no sé si el hombre al nacer es bueno, malo o regular, lo único que sé es que si nace en la zona yanqui del globo tendrá mentalidad occidental. Se creerá libre, igual a sus compatriotas y superior a la otra mitad del mundo. Será demócrata, tan demócrata que llegará a imponer, por cojones, su democracia.

Su entorno occidental se ocupará de que se convenza de que la juventud es la mejor etapa, de que el tiempo es oro, de que el que no corre vuela y de que al que madruga Dios le ayuda. Le invadirá un sentimiento constante de prisa, prisa por que pase el tiempo, por que llegue ya el ansiado mañana.

Es curioso que en un mundo descreído como es el occidental, donde la gente únicamente reza a don Dinero, se siga sin apreciar la vida. ¿No se supone que esto ya no es un valle de lágrimas? Dudo.

El hombre occidental tendrá, además, la suerte de tener a su disposición los medios de comunicación, que manipularán de una forma rastrera su mente hasta el punto de lograr que clave de por vida la mirada en su ombligo. Una vez clavada la mirada, el hombre perderá la noción de los recursos existentes, de las necesidades del mundo, de quién es y de dónde viene.

¿Cómo es posible que un gobernante de un país del eufemístico tercer mundo pueda ver morir a sus hermanos de hambre mientras él los contempla desde su palacio repleto de tesoros? La respuesta es simple: mentalidad occidental en estado puro. Quizá deberíamos mirarnos al espejo más a menudo.

Decía el señor Quintero que detrás de cada putada hay un hijo de puta, aunque su madre sea una santa. Santas consumidoras de pan y circo.

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