18 de marzo de 2012

Las gafas que no aparecieron

El pasado mes de febrero la ciudad de Los Ángeles se puso de gala, un año más, para la ceremonia de los Óscar. Lo típico, la prensa mundial volcada sobre la alfombra roja, celebrities a diestro y siniestro; ellas luciendo los modelitos más in de la alta costura y ellos con la habitual indumentaria pingüina. Curvas de escándalo, lujo, glamour y un puntito de soberbia que, reconozcámoslo, vende.

El puntazo de la noche llegó cuando el Óscar al mejor guión original se lo llevó "Midnight in Paris" y del señor Woody Allen sólo estaba su ausencia y su hermana. El motivo de su ausencia esta vez fue que el actor neoyorquino estaba en su casa viendo los All Star de la NBA, evento que para cualquier aficcionado al basquet es "la leche".

El caso es que no es la primera vez que el señor Allen pasa del postureo holliwoodiense por hacer cualquier otra carallada, cosas vanales y de poca importancia para la mente de la jet set, pero que sin duda hacen feliz a nuestro querido actor. Él prefiere tocar el clarinete, ver los All Star de basquet o, qué se yo, pasear por su querida Nueva York.

Cuentan las malas lenguas que un día el torero Rafael Gómez Ortega "El Gallo" coincidió con Ortega y Gasset, y cuando éste le dijo que se dedicaba a la metafísica el torero le respondió "hay gente pa to". Y efectivamente, hay gente pa to, pero de lo que no queda duda es de lo bien que se lo monta el señor Allen.

He aquí una prueba de ello:



Por cierto, Midnight in Paris, genial, con Óscar o sin Óscar. No sé exactamente por qué, pero el París de esa película me huele igual que el París de Hemingway en París era una fiesta.

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